La democracia constitucional solo puede articularse a trav?s de la representaci?n, nada impide, sin embargo, que sea complementada, aunque nunca sustituida, con algunas instituciones de democracia directa o participativa, como excepci?n a la regla general de la democracia representativa. La profunda crisis econ?mica y la consecuente puesta en peligro de algunos de los logros del Estado de bienestar son el caldo de cultivo perfecto para aumentar la distancia entre los ciudadanos y el poder pol?tico. Por ende, la instituci?n parlamentaria constituye el eje medular alrededor del cual gira la 'crisis de la representaci?n'.En aras a abordar dichas consideraciones, esta monograf?a se inicia con una rigurosa reflexi?n sobre la crisis de la representaci?n. En el marco del cuestionamiento que rodea a la representatividad del Parlamento incide, de manera notable, la preponderancia que ha adquirido el Ejecutivo frente al Legislativo, que ha acumulado funciones y tareas de las que desposee al poder legislativo, como si el monopolio de la pol?tica terminara uniendo los poderes que tanto cost? separar.Asimismo, se plantea